El montañismo y el senderismo de altura aprovechan la imponente geografía de la cordillera de los Andes para desafiar el acondicionamiento físico. Ascender por pendientes pronunciadas estimula de forma intensa la musculatura del tren inferior y exige una adaptación constante del equilibrio sobre terrenos rocosos. Además, la práctica progresiva mejora la capacidad aeróbica y fomenta una respiración rítmica y consciente indispensable para optimizar el esfuerzo a gran altitud.