Durante los siglos XV y XVI, las ferias comerciales de Medina del Campo en Castilla fueron uno de los centros financieros más influyentes de Europa. Allí se perfeccionó el uso de la letra de cambio, un documento que permitía saldar transacciones comerciales a larga distancia sin necesidad de transportar metales preciosos. Este ingenioso instrumento redujo notablemente los riesgos de robo en las rutas mercantiles y sentó las bases operativas de la banca internacional moderna.